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25/01/2022

YO YA NO QUITO LA NAVIDAD

 

Yo hasta que no quiten el árbol de Navidad de la Castellana, hasta que no quiten las lucecitas de los árboles, no quito de mi casa la Navidad. Mi árbol y mi Belén se quedan donde están; si es Navidad en Madrid también es Navidad mi casa. No es desidia, no es pereza, si es Navidad en Madrid, es Navidad en mi casa. 

Vienen amigos a comer, un café y entran en resonancia al ver que están las luces instaladas. No las encendemos, ya no es momento de luces intermitentes. Aunque he visto algunos bares que iluminan así sus terrazas y le da un toque nostálgico y a la vez alegre que me gusta. el caso es que en mi casa sigue creciendo mi abeto, se espiga de a poco, que va lento. No le faltan adornos aún. Sí, tenemos un árbol  de verdad, como debe ser, ido a comprar a la Universitaria y transportado con pulpos en la baca del coche. Como debe ser. Todo forestal que se precie debe tener un árbol de verdad. Ya me avisará cuando se mustie, el cepellón no era muy grande. Eso, o que quiera atravesar el forjado del vecino. Ya hablaremos. Puede tener su gracia. Yo me abeto no lo quito hasta que no quiten el árbol de  mentira de la Castellana. Mis amigos, mis hermanos, hasta los nietos se ofrecen a ayudar y guardar los adornos, subirlos al trastero, devolver la casa al invierno recién arrancado. Pero es que yo me ato a lo recuerdos. Y no hay nada como la Navidad para echar el ancla. Y ahí me quedo, con mis Reyes Magos que han llegado ya al Portal y adoran al Niño sin descanso. La Virgen arrebolada, lo acurruca con mimo, le protege del frío y de los malos a un tiempo. San José, cayado en mano completa la familia. Los animales al fondo. 

De la misma forma que el abeto sigue en mi salón, te pongo plato, por si las moscas. A ver si vienes. Preparo tu comida favorita. Te pienso. Y te quiero.

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