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02/01/2022

SIGUES IGUAL

La fracesita es bienintencionada, desde luego yo así me lo tomo. Cuando te encuentras con alguien a quien hace una cantidad indecente de años que no ves y te dice que estás igual, es el mejor de los piropos. Así, de sopetón, te quitas esa mochila de años y te pones en situación. Hace más de 30 años, bailando salsa en el Stella, tomando el sol en la playa como Eva María, hace más de 30 años, lozana y fresca, llena de expectativas, inconsciente, preocupada. Adolescente en estado puro. Sin entrar en detalles, claro. "Estás igual" Es un piropo, un "complemento", aunque de interpretación libre, claro. Habrá quien se lo tome mal, que de todo tiene qué haber. 

Yo  parezco la misma, pero yo sé que soy otra. O sea no es que sea otra, otra, otra persona. Tampoco me he hecho remaches ni retoques. Es que soy otra de cuando era otra, de cuando ya no era la misma. A ver si me explico. No digo yo que sea bueno ser siempre igual, porque la vida pasa y hay que ir aprendiendo y una piedra cae sobre otra y damos un paso detrás de otro. Y si no aprendemos es que somos idiotas. Se avanza. Se crece. Eso es así. Pero la esencia, el núcleo, el número se protones y neutrones es el mismo. Yo tuve unos lapsos imperdonables en los que no fui yo, que fui otra, no elegida. Impuesta por el miedo. Que  a mí lo que me pasa es que soy tal cual, pero de pronto, zas, pasa algo, una insignificancia que me disgusta, con la que no estoy de acuerdo. No me atrevo a decir que no. Por no romper el encanto. Soy de fácil conformar. Pienso que total, por una vez, habrá sido cosa mía. No pasa nada. Al cabo, se repite. Y vuelvo a callarme. Pero cierro esta vez una ventana. Una, pequeña. Un ojo de buey. Y sigue la vida, y sigo callada. El proceso avanza hasta que cierro todas las escotillas. Y yo, que fui barco velero, con la melena al viento, me vuelvo un submarino más pertrechado que un buque de la marina americana. No tengo rendijas. Un bicho bola sin rumbo. Vivo hacia dentro. Me pierdo en las tinieblas. Me hago chiquitita, le quito a Harry la capa de invisibilidad y literalmente desaparezco. No hay culpables. Fui yo. Que no quise romper el hechizo. Fui yo, que no supe mantener la alegría, tirar lo malo, tamizar la realidad son drama, no hacer caso, disfrutar del envés y no dejarme herir por el revés. Fui yo. Y es que cada uno con su tormenta se siente único y solo. Y ocurre que, ni es para tanto, ni está solo. 

Por eso si me ves y me dices que estoy igual, a lo mejor pongo cara de póker porque ando inmersa en mis cositas ¿Igual que cuándo? ¿Igual que qué? Siempre me pilla por sorpresa que me reconozcan. Llevo mucho trecho buscándome y resulta que siempre había estado en el mismo sitio. ¡Jajaja! Qué torpeza emocional. Será eso. Pues gracias. Gracias. Porque si me ves igual, es que mis pesadillas son mías y por suerte no salen al aire. Gracias por devolverme a lo cotidiano, gracias el piropo. Que estoy igual, dice. Es guay. No tengo cicatrices de mis batallas. Que estoy igual.


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